Jhosseline, Elena y Trini dan la cara por Cáritas
#EllasSomosNosotras 2025
Si hubiera que elegir un rostro para reflejar la realidad de Cáritas Diocesana de Santander, este sería de mujer. Mujeres son en su mayoría quienes integran los equipos de voluntariado repartido por las distintas Cáritas parroquiales de la región. Entre quienes llaman a nuestras puertas en busca de ayuda, el porcentaje más alto está también integrado por mujeres y, en el caso de las personas contratadas, también ellas ganan en número.
Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, hemos querido hablar de nuestro trabajo a través de los testimonios de tres mujeres. Jhosseline, migrante; Elena, trabajadora social, y Trini, voluntaria.
La más veterana de las tres es Trini, que hace ya más de 20 años decidió sumarse al equipo de su parroquia para tratar de ayudar a sus vecinos y vecinas más vulnerables. “Lo vi como una necesidad. Como católica creí que mi obligación era hacer algo por las personas más necesitadas”, argumenta.
Elena lleva 15 años trabajando para Cáritas. “Existe una feminización de la pobreza muy grande. Ellas son siempre más vulnerables”, explica.
Por su parte, Jhosseline, que llegó a España procedente de Perú hace dos años, recibe ayuda y acompañamiento por parte de voluntarias y profesionales de Cáritas. “Lo que quiero es regularizar mi situación, poder trabajar para ganarme la vida y, junto con mi esposo, mantener a nuestras hijas y sacarlas adelante”, asegura.
TRINI
A Trinidad Villacorta todo el mundo le llama Trini. Durante todos estos años ha perdido la cuenta de las personas que han pasado por la parroquia de Santiago, en Santander, en busca de apoyo. Para ella, lo mejor es cuando por el barrio se cruza con gente que ha salido adelante: “a veces, en el supermercado o caminando por la calle te encuentras con personas a las que has conocido en un momento de dificultad y te cuentan que han encontrado trabajo, que están bien. Te abrazan, te dan unos besos y siempre muestran su agradecimiento a Cáritas. Eso es maravilloso, ver cómo la gente retoma las riendas de sus vidas”, explica para añadir que “es mucho más lo que recibes que lo que das”.
Trini se quedó viuda con 45 años y trabajó como funcionaria de justicia hasta que se jubiló hace cinco. Sacó adelante a sus dos hijas “que ya son mayores” y dice que siempre disfrutó siendo “una pequeña ayuda para las personas más vulnerables”. Hoy es la veterana de las cuatro mujeres que integran el equipo parroquial de la Cáritas de Santiago. Mujeres voluntarias atendiendo a mujeres necesitadas, pues madres extranjeras con hijas e hijos a su cargo son el perfil mayoritario de quienes hoy llaman a su puerta pidiendo ayuda: “lo tienen muy difícil. Sobre todo, nada más llegar, muchas en situación irregular. Pero la gente cuando hay dificultades se esfuerza por salir adelante, por dar de comer a sus hijos, por conseguir una educación y una vida para ellos que en sus países no iban a poder tener. Vienen dispuestas a trabajar haciendo limpiezas, cuidando a personas mayores…”
Tres miércoles al mes atienden a quien lo necesita y, además, Trini se encarga de organizar la información de las personas a las que acompañan. Prepara los expedientes, los vales o las tarjetas monedero para gestionar los recursos parroquiales de la forma más eficiente posible. Pero no solo ofrecen apoyo económico. En este sentido destaca cómo ha cambiado la atención desde que ella comenzó. Las personas voluntarias participan en procesos formativos para dotarse de las herramientas necesarias con las que ofrecer una acogida integral, preocupándose no solo de ofrecer una ayuda material, sino de atender las necesidades o carencias que tengan tanto afectivas como sociales y prestando especial atención a los niños de esas familias.
JHOSSELINE
Jhosseline llegó a Santander acompañada por su marido y sus dos hijas en febrero de 2023. Cuenta que fue la inseguridad ciudadana la razón por la que decidieron abandonar Perú y buscar un mejor futuro aquí. Así que vendieron todo lo que tenían y con el dinero que reunieron compraron los billetes de avión y se pagaron una habitación en un piso compartido con la ilusión de empezar a labrar un futuro para los cuatro. “Pensábamos que estando juntos los cuatro podíamos encontrar el camino hacia una vida mejor y más tranquila”.
Pocos meses después consiguieron alquilar un piso y ya pudieron empadronarse. Pero su situación económica no mejoró. Continuaban en situación irregular y los ahorros se iban agotando. Su marido consiguió varios trabajos temporales, pero no le pagaron y Jhosseline solo encontraba empleo como interna, algo que no era compatible con el cuidado de sus niñas.
A través de la parroquia entraron en contacto con Cáritas. “Nos han ayudado cuando más lo hemos necesitado. Incluso, han pagado el alquiler en algunas ocasiones en que no hemos podido hacerlo por nuestros propios medios”, cuenta.
Han sido dos años complicados, pero esta mujer no se arrepiente de la decisión de venir a Santander. Confía en regularizar su situación en los próximos meses y, de esta forma, encontrar un empleo. “Nosotros no queremos vivir de las ayudas, lo que pretendemos es trabajar y pagar nuestras cosas”.
ELENA
De niña, Elena tenía claro que quería dedicarse a defender los derechos de las personas por encima de todo. Por eso su familia no se sorprendió cuando a los 18 años decidió estudiar Trabajo Social. “Lo mío es vocacional. Siempre he creído que las personas pueden salir adelante y por eso, a la hora de ir a la universidad, elegí una formación que me permitiera trabajar por un mundo más justo”.
Poco después de graduarse se incorporó al equipo de Cáritas Diocesana de Santander, donde comenzó a trabajar apoyando a los equipos parroquiales que atendían a en la zona de Santander y su entorno. “De las voluntarias admiro su paciencia infinita. Son incansables. Es como si llevasen algo en su interior que les impulsara a seguir siempre al pie del cañón y yo entiendo que ese algo es la fe”.
Elena también ha trabajado en los servicios centrales atendiendo directamente a las personas que necesitan ayuda para salir adelante. “Aquí se escucha a todo el mundo. Quien llama a esta puerta tiene la oportunidad de plantear su situación y sus necesidades y desde aquí se ofrecen las opciones más adecuadas para cada caso que pueden pasar por derivar a otros servicios o iniciar un apoyo desde Cáritas”. Añade que el objetivo de la entidad pasa por impulsar la promoción de las personas, con una atención integral que va mucho más allá del aspecto económico.
Estos 15 años en Cáritas le han servido a Elena para reforzar su convencimiento de que las mujeres son el motor de las familias y, en general, de las sociedades y las comunidades. Por eso considera importante celebrar el 8 de marzo para reivindicar la igualdad real de las personas y poner en valor el trabajo de las mujeres “invisibilizado durante siglos”